Hola, me llamo Juan y os voy a contar a todos los lectores mi experiencia con una escort madura. Ya sabéis, una prostituta de lujo mayorcita, de más de treinta. En particular, la mía tenía 42 años, pero tenía unos pechos naturales que parecían de una veinteañera.

Sus labios eran carnosos, sugerentes, de ese tipo que cuando los ves, te dan mucho morbo porque los debe de utilizar muy bien para hacerte una mamada. Su pelo era moreno y largo y era muy, muy buena. Pero no solo en el sexo sino también en todo lo demás, en tranquilizarme, en hacer que aquello fuera algo natural, en hacerme sentir cómodo…

Putas en Sevilla¿Qué pensaba yo de una escort madura?

Yo, de joven, nunca sentí atracción hacia este tipo de chicas. Era de algo que se hablaba entre los colegas pero nada más. Aunque sí que imaginaba que el sexo tendría que ser genial, lo que pasa es que pensaba que si contratabas a una tía como esta, pues me podría despachar rápido y el resto de la hora… ¿Qué haríamos?

El tiempo pasó y tras acabar con una relación y estar soltero, pues un día me dije…

¿Por qué no probarlo?

Si realmente quiero,

¿qué me lo impide?

Tenía curiosidad ya que a mis 33 años no me había acostado con ninguna mujer mayor. Así que pensé que lo ideal sería hacerlo con una escort madura. Tan sexys como una madre atractiva pero más, más experta.

Busqué en internet y en cuanto la vi dije que esa tenía que ser mía. Era perfecta, su cuerpo, sus pechos, sus labios… ¡los servicios que tenía! Una vez elegí, esperé unas semanas para ahorrar algo de dinero y la contraté.

El apartamento de mi escort

Quedamos y fui yo quien eligió ir a su apartamento. Las manos me temblaban, estaba tan nervioso que casi me di la vuelta, pero no soy un cobarde, nunca lo he sido, así que me atreví y seguí hacia delante. Nunca me arrepentiré de follarme a aquella escort madura.

Escort en un hotelCuando entré, ella me abrió medio desnuda, sugerente pero con una bata. Ella ya sabía que era mi primera vez con una chica de compañía y, por eso, según me hizo pasar, cerró la puerta, me puso contra ella aplastando sus grandes tetas contra mí y me dijo: No te preocupes que vamos a estar toda la hora entera y más si te portas bien.

Instantes después, se separó de mí, se quitó todo dejando su cuerpo desnudo para mí, y yo la observé con lujuria. Se acercó a mi lado, me la comenzó a acariciar y se puso de rodillas.

Ella, desde allí abajo, mientras me la acariciaba con las manos, me recordó su nombre y que tenía 42 años. Después me miró y me dijo que quería que me corriera para ella, que lo hiciera en su boca y acto seguido comenzó a lamérmela como nunca me lo habían hecho.

Uno de las cosas en las que me había fijado en su perfil es que era experta haciendo garganta profunda. Puff. Jamás había convencido a mi novia para que me lo hiciera o para que al menos lo intentara. Así que cuando lo vi, dije… quiero que me lo hagan.

La mamada de mi escort madura

Y así hizo. En cuanto miré hacia abajo vi como se la metía toda entera y movía su cabeza con fuerza… Apenas tardé dos minutos en explotar de placer en su boca. Fue brutal. Ella se lo tragó todo. Eso nunca me había pasado tampoco.

Cuando se levantó, se fue al baño y se limpió. Luego vino hasta mí, y me mostró la habitación, el baño, las condiciones de higiene, me explicó cada detalle para que me sintiera más cómodo porque ¡todavía me quedaba casi toda la hora!

Esa escort madura me había hecho disfrutar más de lo que había hecho mi novia en años y solo acababa de empezar.

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